jueves, 13 de junio de 2013

Decía un amigo mío que las casualidades no existen, que todo estaba escrito entre las nubes y las estrellas con tinta invisible. Es una bonita manera de hablar del destino, ¿No creéis?- no sonrías que me enamoro.



“No, lo siento. Me caes muy bien, me pareces muy simpática y divertida, pero estoy enamorado de otra persona” 

sus palabras resuenan en mis oídos, provocan una sensación que nunca antes había sentido. ¿cuántas veces se habrán dicho estas mismas palabras? Aunque siempre he sabido que esta frase es de las que más daño provocan, no me lo había creído. Pensaba : “bueno, no será para tanto. ¿A todo el mundo le han partido el corazón alguna vez no? Estas cosas pasan”. Pero cuando lo escuchas, todo se te olvida. Olvidas quién eres y dónde estas. Olvidas a donde quieres llegar con una simple pregunta. Lo único que te importa en ese momento es salir corriendo, y escapar. No te importan las lágrimas que amenazan con salir de tus ojos, y mucho menos la persona que te las ha provocado y a quien en este momento odias más que a nadie. No se te pasan por la cabeza las frases que ya has ensayado una docena de veces, antes en tu casa, por si la temida respuesta tenía lugar, y de repente, se te olvida sonreír. Ni siquiera te devuelven a la realidad esos ojos que te miran preocupados, porque crees que su preocupación es fingida. Puede, y solo puede, que le pegues un empujón, te olvides de las pesadas botas de esquí que llevas puestas en ese momento, y de los esquís que cargas al hombro y te escapes, sin saber a donde. 

Eso, por lo menos, es lo que creo estar haciendo yo. Creo que el hombre por el que he suspirado durante tres largos meses grita mi nombre, pero no me paro para comprobarlo. En estos momentos, es alguien a quien no me apetece recordar. Toda esta frialdad sin embargo, desaparece en cuanto estás sola y calmada. En cuanto te sientas, o más bien te desplomas en la fría nieve, te golpea la realidad. Ese chico, compañero tuyo de equipo, al que ves todos los fines de semana en los entrenamientos y con el que te viste obligada a compartir asiento en el bus, te ha rechazado. No quiere tu cariño, ni tu amor. Simplemente, desea tu amistad. Pero por desgracia, tu no deseas la suya. Al menos de momento. Y, te rindes. Dejas de luchar, de contener las lágrimas. Dejas que bajen por tus mejillas y pruebas su sabor salado. Te enfadas, golpeas lo que tienes más a mano. Luego paras. Y piensas. En esa persona que, según crees, te acaba de amargar la vida. pasas a odiarle, y le sacas todos sus defectos. Ves la nieve, y en el mismo lugar en el que meses atrás dibujaste una pareja de la mano y dos nombres escritos dentro de un corazón, escribes. Todos los insultos que se te ocurren, que por supuesto van dirigidos a la misma persona. Gritas y te desahogas, sin importarte quién o qué te escucha. Y luego te levantas, te limpias los ojos y te alejas. Finges que todo va bien cuando en realidad estás rota por dentro. Sonríes de nuevo, o al menos lo intentas, porque aunque en ese momento no lo parezca, la vida sigue. Aunque no te lo creas, dentro de un periodo de tiempo, volverás a entablar conversación con esa persona, y aunque al principio las palabras que salgan de tu boca sean forzadas, dentro de poco pasarán a ser sinceras. Y, aunque nunca olvides lo mal que lo pasaste la primera vez que te rompieron el corazón, sigues adelante. ¿ que como lo sé? Porque me acaba de Pasar. El chico al que quería más que a nada en este mundo, acaba de rechazarme.

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